miércoles, 27 de mayo de 2015

Medallas de la Villa de Algete 2015


El próximo jueves 28 de mayo a las 20:00 horas en el edificio Joan Manuel Serrat tendrá lugar el acto de entrega de las medallas de la Villa de Algete 2015.

Se trata del máximo galardón que otorga el ayuntamiento, y lo hace a personas, empresas, asociaciones o entidades que han destacado por sus méritos en diferentes áreas de la sociedad.

En esta edición, yo recibo una de las medallas al mérito cultural; es decir, una condecoración que supone el reconocimiento de un trabajo realizado durante 23 años al servicio de la cultura en Algete.

Quienes me conocen de verdad (acaso sería más acertado decir: en profundidad) saben que lo de lo premios y reconocimientos no va conmigo. Y me refiero a aquellos que conceden tanto instituciones públicas como privadas. Las últimas, porque nombran a un jurado (normalmente pagado) que termina por premiar lo que más favorece a la empresa que otorga el premio; y las primeras, porque están gobernadas por políticos y por tanto se mueven en cierto modo por intereses partidistas. 
No. No me interesan ese tipo de premios. Los otros, los que otorgan con su reconocimiento las personas como individuos, sí que me interesan. Y la razón es bien sencilla: siempre he trabajado para los ciudadanos en general; o para esa parte que configura el público que llena una sala; o para quienes acuden a un concierto o disfrutan de una exposición, un pasacalles, una cabalgata o un evento cultural cualquiera. Nunca esperé como compensación a mi trabajo mas que el aplauso al espectáculo programado, la sonrisa de agradecimiento y el disfrute en las caras de cada persona.

Y es que cuando uno se dedica desde una institución pública a este amplio, y a veces ambiguo mundo de la cultura, el trabajo bien hecho no es siempre el que hubieran preferido quienes gobiernan esa institución. Por otro lado, casi nunca los gobernantes cuentan con el conocimiento específico y necesario para evaluar un trabajo cultural; eso sí, saben evaluar los resultados. Y entonces volvemos al principio: el único y verdadero premio es el que otorga el público, los ciudadanos, las personas.

Y es un verdadero premio porque esas personas, muchas veces sin saberlo, nos están otorgando con su parabién libertad de acción a los trabajadores de la cultura, ya que esa aceptación pública es en lo que los gobernantes fundamentan la confianza que pudieran depositar en nosotros como profesionales. Y es lógico que así sea.

En el acta del Pleno Municipal en el que se votó la concesión de estas medallas, se puede comprobar que se aprobaron por unanimidad, es decir, que todos los concejales de la Corporación levantaron la mano otorgando su voto favorable. Y como, a pesar de la que está cayendo, yo sí creo en las instituciones públicas y democráticas, confieso que esta condecoración es para mí motivo de orgullo, además de suponer la mejor manera de sellar para siempre mi relación con Algete. Por eso, la recibiré con alegría, gratitud y humildad, como siempre he hecho el trabajo que ahora se premia.

Durante el acto de entrega, todos los condecorados tendrán oportunidad de tomar la palabra durante tres minutos; yo cumpliré con el protocolo y mi intervención se ajustará a ese tiempo. Pero reconocerán que en esos minutos es casi imposible hablar de tantas cosas ocurridas durante 23 años como trabajador adscrito a la Concejalía de Cultura; es imposible nombrar a tantas personas, empresas, asociaciones, compañeros y vecinos que, con su actitud, tanto me ayudaron y de los que tanto aprendí.


Vaya pues desde aquí mi más sincero agradecimiento a todos los que no podré nombrar, y a los que también quiero decirles que siempre fue para mí motivo de orgullo trabajar por y para Algete.

domingo, 11 de enero de 2015

Niebla en su punto

Ponferrada, 10 de enero de 2015, 14:17 horas, despejado, neblina, 2 ºC.

Un fotógrafo profesional puede por diferentes medios conseguir el mismo efecto. Pero yo no soy fotógrafo; así que espero esos momentos en los que el sol consigue traspasar la niebla, y disparo fotos. Solo algunas captan el instante preciso: ese en el que la luz ilumina mi mundo a través del velo de la niebla creando una atmósfera mágica que transforma la realidad.

Es entonces cuando parece, como en la noche, que las cosas no tienen colores: son los colores los que se apoyan sobre las cosas, lo mismo que cuando coloreamos los sueños al recordarlos. Se crean así escenas que no podríamos asegurar a qué hora del día pertenecen; ensoñaciones del consciente que fascinan; visiones prodigiosas que consiguen siempre mi atención, las fotografíe o no.