jueves, 20 de octubre de 2016

(2015: recuperado de borradores, por los buenos recuerdos)

Ahora que llegan las lluvias y en las hojas de los árboles amarillea el otoño, me gusta recordar las vacaciones pasadas junto a un mar que en verano parece amigable e inofensivo; y esos días largos, disfrutando juntos por los caminos de los montes de Galicia, siempre llenos de vida.

Este año fue el primero que nos acompañó Valentina, un cachorro de schnauzer sal y pimienta que ya se ha convertido en la nueva compañera de Yolanda y en la hermana de vida de García, la schnauzer negro y plata con la que convivo.
   Compartir con un cachorro de perro los primeros meses de su vida siempre ha sido un acontecimiento sorprendente para mí; pocas cosas me entretienen tanto como observar las dificultades con las que se encuentra y el modo en el que, poco a poco, las va resolviendo. Hoy no es capaz de subir un peldaño de cierta altura; se fija en cómo lo hace su congénere, ya adulta, y mañana ya sube sin dificultad. Hoy no puede, con su boca pequeña, coger un juguete tan grande; mañana ya lo arrastra por toda la casa. Y lo que me fascina es la satisfacción que le produce cada logro, cada descubrimiento, cada paso hacia el conocimiento del mundo que le es suyo.
   A nosotros no nos gusta intervenir; la capacidad cognitiva del animal no ha de estar condicionada por el humano. Nos limitamos a premiar y favorecer las conductas que lo convertirán en un perro adecuado para la convivencia: tranquilo, equilibrado, alegre y sociable. No nos gustan, ni queremos, perros soldado; esos que viven permanentemente esclavos de lo que piensa, dice, hace o solicita su dueño. Por eso, ver a García y a Valentina disfrutar libres todo el día es una de las grandes alegrías que nos aportan las vacaciones. 


4 comentarios:

  1. Amigo Manuel, observo que no hay comentarios a este sencillo, apacible y entrañable escrito tuyo. Y no puede haberlo si no es para asentir y felicitarte por él. Nada tan natural y hermoso como lo que se expresa a partes iguales con la razón y el sentimiento. tuve el gran privilegio de conocer a García y a la pequeña (por entonces) Valentina, y no puedo por más que ratificar y dar fe de lo que dices: educar no es amaestrar. Y estas dos preciosidades tienen la suerte de estar muy bien educadas.
    Una gran suerte también para mí haber conocido a sus dos cuidadores.

    Siguiéndote siempre, Manuel.
    Un abrazo.

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  2. Amigo Manuel, observo que no hay comentarios a este sencillo, apacible y entrañable escrito tuyo. Y no puede haberlo si no es para asentir y felicitarte por él. Nada tan natural y hermoso como lo que se expresa a partes iguales con la razón y el sentimiento. tuve el gran privilegio de conocer a García y a la pequeña (por entonces) Valentina, y no puedo por más que ratificar y dar fe de lo que dices: educar no es amaestrar. Y estas dos preciosidades tienen la suerte de estar muy bien educadas.
    Una gran suerte también para mí haber conocido a sus dos cuidadores.

    Siguiéndote siempre, Manuel.
    Un abrazo.

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  3. Ignoro por qué salen repetidos los comentarios, y no es la primera vez que me pasa. en fin...

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    1. Tus comentarios pueden salir repetidos millones de veces, porque es un gustazo leerte y sentirte desde cada uno de ellos. Un abrazo, queridísima Lorni.

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