La conocí en una red literaria 2.0. No sé por qué razón, ni cómo, iniciamos una relación on line. Reconozco que ella puso mucho más que yo: se hizo amiga en mi blog, en mi perfil de facebook, de mi página y hasta de mi canal de Youtube; me envió mensajes por varias vías y se ocupó de responder a todos los que yo le enviaba. Comenzamos juntos un juego literario entre profe y alumna, con el que nos entretuvimos varios días y surgieron buenos textos. Nos leemos, nos votamos y nos comentamos en todos estos sitios. Y así, de repente, tengo la sensación nueva de que la conozco. Hasta ahora no había experimentado nada parecido. Ella ha abierto en mí un camino inédito de verdadera comunicación. Nunca, hasta ella, sentí con esta intensidad la sensación de la existencia real de mi interlocutor internauta. Ahora espero sus palabras, convencido de que estarán ahí, en cualquiera de los correos, o en todos. Incluso más: ahora pienso en sus palabras en el momento de publicar una entrada, subir una imagen o aportar una colaboración en la red literaria en la que nos conocimos. Ahora estoy seguro de la existencia del otro; de su atención a mis cosas. Hasta ella, nunca preví esa existencia; sabía que podría darse, pero no la presentía.
La creo alta, alta y guapa (lo segundo es fácil, he visto su retrato). La creo fuerte, porque la vida también la ha golpeado y porque ha sabido levantarse tal como era antes de que la derribaran. Su sensibilidad está intacta, como su capacidad de amar a los suyos y querer a la gente. De corazón tierno, llora fácilmente, cada vez más de emoción; cada vez menos de ira, rabia…, nunca ya de impotencia, porque sabe bien lo que ella vale (o debería saberlo). La habitan un buen humor, algunos amores, y alegrías y tristezas a partes iguales. La creo espontánea, alegre, libre; le gusta cuidar de los otros, no lo puede remediar; y no asusta a nadie. Está siempre dispuesta a una sonrisa de su cara, a una palabra amable de su boca, y a dar explicaciones (aún es joven. Crecerá). La creo leal, honesta, de ojos simpáticos y mirada clara. Y en su mente todo lo que solo tienen las buenas personas.
Me alegro de haberla encontrado. Y de descubrir tantas cosas que se pueden entregar y recibir desde esta pantalla que ya ha dejado de ser fría como otra trinchera. Nadie sabe cuánto se lo agradezco.
Gracias, Vera, Verónica, Vero, Luna. Muchísimas gracias.
© Manuel López Rey
