miércoles, 26 de agosto de 2009

El miedo, enemigo del artista

Cuentan que el hermano de Van Gogh dijo en una ocasión que el pintor "lo hacía siempre muy despacio, que comenzaba en una esquina del cuadro y con esas pinceladas de intensidad, completaba el lienzo de a una, como quien teje una tela", y es que solo así se vence el miedo, el gran enemigo del artista.

El miedo es siempre el protagonista absoluto del fracaso. Pero, ¿cómo vencerlo? Cómo hacerlo si forma parte intrínseca de nuestra naturaleza. El bebé ya lo conoce. Teme a lo que ocurre mientras duerme. Desconoce qué pasa mientras él no está. Se llama angustia vital. Y viene con nosotros, bien agarrada, como una lapa, a las telas del cerebro. Desde ahí nos cuenta, nos manipula, nos impide. Hay que acabar con el miedo. El niño lo consigue identificándolo. Con el hombre del saco; con el coco; con la bruja o con el ogro. De ahí que los mejores cuentos infantiles, las obras maestras de los clásicos del cuento, siempre incluyan un personaje que encarna el mal. Y es precisamente por eso por lo que se siguen contando, por lo que siguen asombrando al niño, porque le proporcionan la oportunidad de identificar el miedo. Porque a partir de entonces ya no existe como una sombra que todo lo cubre: ahora el mal tiene nombre, ocupa un lugar, tiene un sitio; ahora se puede estar alegre, dejar de sentir miedo: el coco no convive con nosotros. Está en su sitio y podemos vivir tranquilos. Eso sí, hay que permanecer alerta, hay que actuar con cautela, no vaya a enfurecerse y abandonar su escondite para atacar, para apoderarse de nuestro ánimo. Al adulto no le sirven los mismos lugares, los mismos escondites del mal. Y ha de crear otros, inventarlos. De ahí que todo grupo se fortalece ante el enemigo común. Lo saben los líderes, los poderosos. Todo poder se asienta en una determinada identificación del miedo. ¡A por él! Y estallan las guerras. ¡A por él!, y es verdad el holocausto. ¡A por él!, y mueren de hambre millones de seres humanos. Por la única razón de que encarnan el mal, el enemigo, todo lo que puede poner en peligro nuestra más o menos difícil convivencia, nuestro subsistir, nuetra razón de ser como grupo, incluso nuestro acomodo en la desgracia individual.

Pero el artista ha de saber antes que cualquier otra cosa, que el miedo es su gran enemigo. El arte es liberación, o no es. El arte es desprendimiento, desaprendizaje; es combate, transgresión. Es la única puerta posible tras la que nunca se esconde el coco; tras la que el miedo no precisa escondite porque no existe.

Crear. Vivir. Estar sin miedo.

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