martes, 3 de diciembre de 2013

El caso Asunta

El 22 de septiembre de este año aparece en una pista forestal cercana a la ciudad de Santiago de Compostela el cadáver de la niña de 12 años Asunta Basterra Porto. La niña, de origen asiático, fue adoptada por sus padres cuando contaba pocos meses de vida. Desde entonces, al menos en una ocasión, los medios de comunicación atienden el caso de la adopción presentando a una familia feliz por el acontecimiento. Se sabe también que los padres pertenecen a un estatus social destacado en la ciudad de Santiago. La madre es abogada y embajadora honoraria de Francia en Galicia; el padre, periodista. Ambos tienen por tanto la oportunidad de formar parte de la élite social de su ciudad, donde acuden a actos y eventos que, por decirlo de alguna manera, no son de entrada libre para toda la ciudadanía. Además, la familia materna goza de popularidad y poder social, lo que hereda la hija, junto a una posición económica más que favorable.

Fotograma de la entrevista emitida por televisión hace algunos
años, en la que se muestra la "normalidad de la familia feliz".
Hasta aquí, todo dentro de la normalidad. Y es precisamente de este concepto generalizado de “normalidad” sobre lo que me interesa hablar; también, sobre el poder de la dependencia psicológica. Por supuesto, nada de lo que aquí diga va más allá de la mera reflexión personal sobre el caso Asunta. Y si me expongo a decir algo, es porque siempre he considerado que nada de lo que le ocurra a otro hombre me es ajeno, ya que ambos somos especímenes de la misma especie (los personajes de este caso no son tigres ni jirafas, son humanos). Y también, porque siempre me ha interesado ahondar en la parte más oscura de la condición humana.

En este momento, tanto Rosario Porto, la madre de Asunta, como el padre, Alfonso Basterra, se encuentran en prisión imputados por el asesinato de su hija. Muchas cosas llaman la atención en este caso, pero son la complicidad de ambos padres en el parricidio premeditado y la chapucera ejecución del crimen las que a mí me interesan.

Comenzando por la segunda, para mí está claro que estas personas cometen innumerables equivocaciones teniendo en cuenta que, al parecer, llevan tiempo planeando el asesinato de su hija. Estas equivocaciones pueden parecernos sorprendentes en un primer momento; y nos lo parecen porque presuponemos que estos padres son personas inteligentes, al quedar demostradas sus habilidades sociales, al conocer la respetabilidad de sus profesiones y al saber de su situación económica boyante. Y si nos sorprende es porque solemos hacer corresponder a estas características sociales otras personales, como son inteligencia, buena socialización, buena moral y hasta un determinado nivel ético, olvidándonos de lo que está siempre detrás de toda persona: la condición humana. Y si lo olvidamos es porque la sociedad a la que pertenecemos nos ha hecho creer que “lo normal” es que a este tipo de personas en particular, y en general al estatus social al que pertenecen, les corresponde la posesión y el ejercicio de ciertas virtudes. A la vista está, no solo por este caso, sino por tantos que se están dando ahora en nuestro país, que este concepto de normalidad esconde una gran mentira. Y es precisamente esa mentira la que hace que estas personas y este estatus gocen de prebendas que les otorga la mayoría social, y por extensión, hasta la propia Ley.

Alfonso Basterrra y Rosario Porto, ya detenidos e imputados,
a la salida del registro del domicilio. ¿Parecen estos unos padres
"normales"veinticuatro horas después de la incineración del cadáver de
su hija de 12 años encontrada muerta? 
Pero, mira por donde, esta mentira, cuando se producen acciones delictivas, termina por volverse en su contra. Y es que estas personas, este estatus social del que hablamos, se siente siempre, siempre (la excepción cumple la regla), por encima del resto de los mortales. Si la mentira se vuelve en su contra es porque en este país, además de demasiados delincuentes, también gozamos de un Estado de derecho y, por el momento, de la independencia, al menos teórica, de la Justicia.

Así se explica, por ejemplo, que al Sr. Urdangarín, yerno del Rey, se le haya cogido prácticamente con las manos en la masa; y que a pesar de la inteligencia que se le presupone, no hubiera realizado el menor esfuerzo por ocultar pruebas de los delitos que se le imputan. Y es que ¿para qué voy a deshacerme del arma si a mí nadie se va a atrever a registrarme?

Lo mismo, salvando las distancias, le ha ocurrido al matrimonio Basterra/Porto. Ellos nunca pudieron pensar que serían los primeros sospechosos del asesinato de su hija. ¿Cómo iba nadie en Santiago, si todos los adoraban, a pensar tal cosa? Y en este caso es precisamente ella, Rosario Porto, la dueña de un estatus del que él, Alfonso Basterra, solo goza por delegación. Y aquí está otra de las claves del caso. Alfonso pierde, con el divorcio, a su mujer, y con ella el poder económico y social del que gozaba. Las cosas ya no le van igual de bien, en realidad le van bastante mal; ha sido despedido del grupo, apartado. Sin ella y sin lo que ella representa, no es nadie.

Si a esto unimos que, al parecer, en esta pareja se había establecido una relación de dominancia en la que él era el sumiso; incluso el presunto maltratado psicológicamente; y de seguro el dependiente económica y socialmente, podemos concluir que con el divorcio, solicitado por ella, él queda desamparado.

Para Alfonso, esta situación de desamparo se hace insoportable. Necesita a cualquier precio recuperar a su mujer y con ella recuperar todo lo perdido. Lo intenta en varias ocasiones, que no le dan el resultado deseado. Y llega el gran día: el día en el que ella le propone algo que la dejará para siempre unida a él, y además con una fuerza muy superior a la que le hubiera proporcionado cualquier contrato. Le propone que, juntos, comentan un crimen.

Por supuesto, ninguno de los dos poseen las “virtudes” que se les suponían; ninguno de los dos gozan de una aceptable salud mental, moral o ética. Pero es que además, muy probablemente, ella es una psicópata. Los psicópatas no empatizan (no pueden) ni sienten remordimiento (tampoco pueden), por eso interactúan con las demás personas como si fuesen un objeto cualquiera; las utilizan para conseguir sus objetivos, que no son otros que la satisfacción de sus propios intereses. La falta de remordimientos radica en la cosificación que hace el psicópata del otro; o lo que es lo mismo, le quita al otro los atributos de persona para  pasar a valorarlo como cosa (la cosificación es uno de los pilares de la estructura psicopática). 

Declaraciones de la madre a su psiquiatra 2 años antes del crimen.
Los psicópatas crean sus propios códigos de comportamiento, por lo que solo sienten culpa si infringen sus propias reglas. Sin embargo, estas personas sí tienen conocimientos de las normas sociales, por lo que son capaces de adaptar su comportamiento y pasar inadvertidos para la mayoría de las personas. Además, los psicópatas tienen un marcado egocentrismo, lo que implica que el psicópata trabaja siempre para sí mismo, por lo que cuando parece que está dando, en realidad está manipulando o esperando recuperar la inversión. También tienden a la sobrevaloración de su persona, lo que los lleva a una hipervaloración de su capacidad de conseguir ciertas cosas; poseen una desmedida empatía utilitaria, que consiste en una habilidad para captar la necesidad del otro y utilizar esta información para su propio beneficio, lo que supone una mirada en el interior de los demás para conocer sus debilidades y actuar en consecuencia para conseguir la manipulación del otro.

Rosario Porto durante el registro de la casa donde según la investigación se perpetró el crimen.
Conversa relajada y sonriente con los policías
¿Es esta la actitud que se espera de una madre 48 horas después de que se haya encontrado el cadáver de su hija de 12 años?
Aquí es posible que se esté dando el mismo caso que con  Richard Eugene y Perry Edward, asesinos de toda una familia en Kansas en 1959, y del que se ocupa Truman Capote en la novela “A sangre fría”. En aquél caso se llegó a algunas conclusiones: uno de los asesinos era el dominante, con el que el sumiso estableció una relación de dependencia; y lo que es más interesante, cualquiera de los dos no hubiera sido capaz de cometer el crimen por separado; solo juntos alcanzaban los niveles de violencia y crueldad necesarios.

En el caso Asunta, está claro, por las manifestaciones de vecinos y conocidos, que la madre es una mujer prepotente, “estirada” y que “machacaba” a su marido, al que echó de la casa, al menos de palabra, en varias ocasiones. También se sabe que era él el que se ocupaba de todo (hacer la compra, cocinar, atender a la niña, llevarla y recogerla, etc.). Por su parte, Rosario quiere cambiar de vida y la niña “le molesta” a la hora de realizar esos cambios. Con anterioridad, a Rosario también le molestaron sus padres, que se oponían al divorcio que ella ya había querido solicitar en 2009 (¿Se ocupó de quitar de enmedio también a sus padres? Parece ser que no). Ambos, Alfonso y Rosario, están en tratamiento psiquiátrico, aunque se desconocen los diagnósticos. Pero, ¿alguien que no sea un psicópata puede tomar como solución para la libertad propia el asesinato de su hija? ¿Alguien que no sea un psicópata puede asesinar a su hija porque esta comienza a reprocharle sus actuaciones? Asunta, una adolescente a punto de convertirse en una “señorita” brillante, ¿podría ser vista por su madre como una competencia insoportable?

En cuanto a Alfonso, el padre de Asunta, ¿es también un psicópata o es suficiente con que, psicológicamente dependiente de Rosario, acceda a asesinar a su hija porque de esa manera vuelve a conseguir la vida que había tenido y cuya pérdida resulta para él insoportable?

Yo creo que sí. Una dependencia psicológica puede llegar a ser razón suficiente para cualquier cosa, igual que ocurre con las drogodependencias. Y que un psicópata pase desapercibido, incluso en su entorno más íntimo, estamos hartos de comprobarlo.

Informes forenses certifican que la niña fue drogada en varias ocasiones en los últimos meses; también, que la sustancia utilizada fue lorazepán. Los periodistas, no sé si también los investigadores, han jugado con la posibilidad de que se tratara de ensayos para el crimen. Yo no lo creo. Creo que fue la madre la que comenzó, un día de esos que no aguanta la presencia de su hija, a suministrarle tranquilizantes, los que ella misma tomaba. Comprobó más tarde que, con una dosis mayor, la niña se dormía; es decir, no la molestaba. Y es que sedar a una persona es lo más parecido a hacerla desaparecer. Por lo tanto, las ocasiones en las que se suministró drogas a Asunta, más que ensayos del crimen, son fases del proceso del psicópata, que confirma cómo sin la “presencia” de la niña se siente mejor, más libre para hacer lo que sea en beneficio de sus intereses. De esta manera, se afianza en la madre la “cosificación” de Asunta: dormida es por fin una “cosa” que no me molesta. Posteriormente, también pudo ser el padre el que en ocasiones suministrara las drogas, simplemente para complacer a la madre. Llevándola drogada a casa de la madre, era portador de algo que no molestaría a Rosario; era el portador de “un problema resuelto”. Estas ocasiones suponen para ambos una familiarización con el procedimiento que, llegado el momento, escogen como el adecuado para hacer desaparecer definitivamente a la niña. Que la madre terminara por apretar una mascarilla o un pañuelo sobre la boca y nariz de la niña (murió por sofocación), no es más que un asunto de tiempos. De haber esperado, la niña hubiera muerto por sobredosis de lorazepán. No hay que olvidar que se trata de un modo de envenenamiento, según las estadísticas el elegido por la mujeres a la hora de cometer un crimen. Una vez más, Alfonso hace las cosas “a la manera” de Rosario, buscando su aprobación.

La investigación sigue abierta; se conocerán nuevas informaciones; finalmente hablará la Justicia, pero por lo que podemos saber hasta ahora, para mí hay “mentira social” suficiente, psicopatía materna, móvil del crimen y total dependencia por parte del padre, que ve en el crimen conjunto la solución “absoluta” para recuperar lo perdido y, lo que es más importante, para no volver a perderlo jamás.

De lo que deduzco, otra vez, la enorme importancia que tiene en la vida la autosuficiencia y lo peligroso que es mantener relaciones tóxicas con personas tóxicas.

Pobre Asunta, dónde vino a caer.

sábado, 5 de octubre de 2013

La historia que no se ve: Página 15

                                         A las 24 horas de publicar en este blog la fotografía número 15 del libro La historia que no se ve, he publicado en lahistoriaquenoseve.blogspot.com la entrada con la historia correspondiente. No me gustaría que por eso se pensara que el relato lo he escrito en esas 24 horas; no ha sido así. La foto la recibí a primeros de septiembre, y desde entonces me habitan las impresiones que esa foto causó en mí (que son las que comparto en la descripción de la foto), de manera que, cuando me pongo a escribir la historia, surgen y configuran el relato.


En esta ocasión, además, lo que conté sobre la fotografía provocó en mí el recuerdo de una literatura muy concreta; estoy hablando de Juan Rulfo y su extraordinaria novela “Pedro Páramo”, en la que a Juan Preciado lo encuentran muerto en la calle; muere de espanto, ahogado por los murmullos, por las voces de los muertos y por el miedo. Por supuesto que ni mi prosa ni mi talento alcanza a rozar la una ni el otro del genial Rulfo. Pero confieso que rondaron mi mente cuando escribí esta historia: Escondido.

domingo, 29 de septiembre de 2013

La historia que no se ve: Árboles en la niebla

Creo que ya es hora de comenzar el curso; ha empezado a llover en Madrid, y huele a otoño; habrá que ponerse a hacer algo. 
Me ha dado por pensar esto precisamente ahora, cuando estoy preparando el equipaje para irme hacia el sur; sacando del armario las toallas de la playa y buscando en el cajón las gafas de sol. Y creo que ha sido por eso que no quiero llevar este trabajo sin hacer; allí, con el calor del desierto bajo los pies y la luz del mar resplandeciendo, no estaría en el entorno más adecuado para atender la última foto que me envía Alfaro para el libro La historia que no se ve
Así que, cambiando de registro, paso a compartir la foto y la descripción; como en otras ocasiones, esta es la conclusión de cuantas sensaciones ha provocado en mí la fotografía, y, sobre todo, es la esencia de cuanto pretendo trasmitir en el texto que escriba.

(No olvidéis pulsar sobre la foto y visitar La historia que no se ve)




La foto número 15 que me ha enviado Alfaro para el libro La historia que no se ve también es en blanco y negro y está llena de misterio. Un paraje en el monte, que se nos antoja perdido y alejado de todo, donde un grupo de árboles se convierte en el foco de atención; árboles viejos, maltratados, algunos secos o quemados, acaso partidos por mil rayos, porque lo primero que trasmite la imagen es una sensación de eternidad: esos árboles están ahí desde el principio de los tiempos. Y que aparezcan reunidos, separados de todo, les otorga un ánima, una intención oculta: ¿Qué hacen ahí? ¿De qué hablan entre ellos? ¿Qué ocultan? ¿Qué pretenden? 
En la imagen, los envuelve una niebla densa, que perfila y a la vez desvanece las siluetas, dando la sensación de que se nos han aparecido de repente, en medio de la nada, porque nada se ve tras ellos; y al aparecérsenos así, dan miedo, porque ellos están seguros, ellos saben algo... Guardan un secreto.

Con estas sensaciones que la fotografía provoca en mí, con estos elementos, trataré de configurar el enigma del cuento, y haré lo posible para que el texto guarde un parecido misterio. En consecuencia, el relato no podrá ser explícito, y el cuento oculto en el cuento, la base del misterio. 

Haré lo que pueda.  

sábado, 24 de agosto de 2013

De vuelta

Después de un tiempo desaparecido, ya estamos de vuelta. Como resumen os traigo algunas fotos donde se puede comprobar que me mantuve alejado del calor de este verano. Allí también estuve alejado de la Red, por lo que ahora trataré de ponerme al día respondiendo a todos los correos, mensajes y comentarios que habéis hecho durante este tiempo.
Pero no estoy muy seguro de querer volver a todo esto del blog, el facebook, la página... 
Que cerré esta ventana hace unos meses, es un hecho; lo que no sé si lo hice de forma voluntaria o a consecuencia de los problemas de conexión a Internet, o de otros asuntos más personales; el caso es que me está costando volver.
También es verdad que, de alguna manera, me siento comprometido con aquellos que me siguen, leen mis publicaciones y comentan; todos ellos me han hecho vivir momentos agradables; con algunos he alcanzado una relación especial, cercana a la amistad, hasta el punto de que tengo la sensación real de conocerlos. A todos les debo mi gratitud, así que vamos a intentar que por aquí vuelva a correr un poco de aire fresco. (No dejéis de pinchar sobre la foto).






viernes, 26 de abril de 2013

El Bierzo


Durante muchos años, no he podido vivir este tiempo de primavera en El Bierzo.
Ahora, que me lo he podido permitir, disfruto de esta tierra y de este paisaje primaveral; de los olores del campo; de los viajes por los pueblos, visitando restaurantes donde no sabría decir qué es lo que está más rico, si el cocido maragato, el pastel de repollo o los chupitos de aguardientes.
De lo que no cabe duda es que El Bierzo está precioso en este tiempo. Y que sus vinos siguen siendo deliciosos.











martes, 16 de abril de 2013

Improbable


Tras este tiempo de retiro, vuelve La historia que no se ve. Una nueva página con la última foto que me ha enviado Alfaro. Una fotografía en blanco y negro donde destacan la simetría del encuadre y el perfecto ángulo de 90º que forman la vertical que dibuja la caña de pescar y la línea del horizonte. La apariencia de la imagen, las masas horizontales y la línea vertical convierten esta fotografía en una imagen conceptual; por otra parte, la distribución de las masas horizontales y el corte vertical, tan centrado y perfecto, realzan hasta tal punto la geometría en esta composición, que bien pudiéramos hablar de estructuralismo geométrico. Y en consecuencia, estamos ante la mirada que convierte lo natural (cielo, mar, arena y caña) en objeto; en planos que se relacionan siguiendo las estrictas leyes de la geometría. 
    Por todo esto, estamos ante una fotografía que se aleja del naturalismo, donde la composición y el procesamiento de la imagen desnaturalizan lo natural para dejarnos ante la frialdad del concepto puro.
    Como contrapunto, he elegido para la página que  le corresponde unos versos que escribí hace años y que suponen la rotunda afirmación de lo improbable.

martes, 12 de marzo de 2013

De alma tan limpia

Hace tiempo que no vengo por aquí. Hace tiempo que permanezco quieto, por varias razones. Hoy, revisando fotos, me he encontrado con esta en la que aparecen Berta y Chica; una labradora y una ninfa; un perro y un pájaro, dormidos, y me he dado cuenta otra vez de que Berta es con toda seguridad el ser con la mente más limpia que conozco. Tanto es así, que su capacidad de empatía con los otros llega hasta el punto que, cuando quiere, es capaz de sentirse otra en lo más profundo de su conciencia; por eso, para que su nueva amiga duerma tranquila, intenta que el tamaño de su cuerpo, inmensamente más grande, se reduzca al máximo; y hasta trata de adoptar la misma postura, idéntico recogimiento, hasta que las respiraciones de las dos se acompasan; no sé si también sus sueños. Así es Berta, de alma tan limpia.


martes, 1 de enero de 2013

Hermanos

Ya está publicada la página correspondiente a esta foto en blanco y negro sobre la que hablamos en entradas anteriores. Considero que este retrato, más allá de  cuestiones técnicas, ocupa un lugar importante en "La historia que no se ve". Se puede observar, leer y comentar aquí.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Foto 13: comentarios


Esta es la foto del proyecto La historia que no se ve que menos comentarios ha suscitado. También es verdad que aún no ha sido publicada en el blog del libro, pero este es el momento en el que considero importante detenerme en este asunto.
Sin duda, al tratarse de un retrato en el más completo sentido de la palabra referida a la fotografía, los observadores puede que consideren que poco más han de decir. En este retrato, para mí magnífico, aparecen las figuras de dos hombres, y con ellas su mirada y su actitud vital; los rodea un espacio, un decorado, que no solo habla por sí mismo, sino que además enriquece y completa el significado. El concepto de retrato referido al primer plano del rostro hace tiempo que ha quedado obsoleto. En la actualidad se le pide al retrato, como categoría fotográfica, que aporte mucho más y más allá del semblante del personaje retratado; se le exige, entre otras cosas, que el encuadre muestre con claridad un entorno que, a priori, sea significativo por lo que cuenta y aporta al conocimiento expuesto del personaje retratado. En este sentido son ya muchos los "nuevos" maestros del retrato; aunque en realidad hace siglos que el "retratista", entonces pintor y no fotógrafo, ya llegó a la misma conclusión (no hay más que observar, por ejemplo, la obra de Velázquez).
Y para mí, observador que además ha de enfrentarse a escribir la historia que no se ve en la fotografía, me ha ocurrido algo parecido: me quedé sin comentarios, sin descripción. Esta foto es, aunque no la primera del libro, un verdadero retrato de personaje; y es más verdadero porque aquí los retratados aparecen en un entorno que les es propio y por lo tanto cargado de su experiencia vital, de su manera de ser y estar en la vida. Además, estos personajes retratados no son del todo ajenos al fotógrafo; él conoce sus nombres y bastante de sus vidas; de alguna manera, los quiere. Y esto es fundamental si pretendemos observar una imagen más allá de su calidad desde el análisis puramente técnico; y sobre todo es fundamental para mí, que he de enfrentarme a ella como escritor y no como experto ni como crítico de la fotografía en cuestión. 
En el proyecto que supone La historia que no se ve me adentro en la ficción para imaginar una historia, procurando siempre que el objeto de inspiración no sea otro que la propia fotografía. En esta ocasión ha sido diferente. Así lo expuse en la entrada anterior de este blog, y creo que el comentario de Ciso y mi respuesta concluyen lo que pretendo decir ahora:


lunes, 10 de diciembre de 2012

Foto 13

Hoy, cuando ya estamos preparando el viaje de vuelta a Madrid, he recibido la fotografía que hace la número 13 del libro "La historia que no se ve". Alfaro me cuenta que la realizó en la bodega de la casa de estos dos hermanos, el día siguiente al entierro del hermano mayor. Alfaro acudió a ese entierro porque les unen lazos familiares lejanos. También me contó algo de la vida de estos hombres en una pequeña población burgalesa, aquí convertidos en personajes, y me pidió que tratara de escribir precisamente sobre eso, sobre sus auténticas vidas.

Por lo tanto, para esta fotografía no me adentraré en la ficción; no inventaré la historia que no se ve, porque al conocer datos de sus biografías ya no puedo ver otra. Y por lo mismo, no voy a compartir ninguna descripción, ya que el sentido de esas descripciones es contar lo que yo veo en el primer momento que observo la foto y en este caso, como digo, no es posible ni sincero para mí ver otra historia que no sea la real. Por tanto, trataré de escribir una crónica con el cariño y el respeto que, eso sí, han despertado en mí estos hermanos.



domingo, 9 de diciembre de 2012

Zama

Ayer, sábado 8 de diciembre, muy temprano, Juán, su hijo Juan Antonio y Andrés, amigo de la familia y entrenador de Juan Atonio en asuntos de pesca, salieron a la mar a pescar en las aguas del Cabo. Andrés tiene en su haber todos los títulos que se pueden obtener de la Federación Nacional de Pesca, y su alumno, Juan Antonio, con 15 años, ya ha sido campeón provincial, nacional y está seleccionado para el mundial. (Mucha suerte, amigo).







Entre otros, pescaron un pez al que por aquí llaman zama o dentón, porque tiene la mandíbula adelantada que deja a la vista sus dientes. Este que sostiene Juan Antonio en la foto pesó casi cinco kilos y ayer mismo, a las 14, 30, dimos cuenta de él reunidos en casa de la familia del Hostal Costa Rica (San José - Parque Natural del Cabo de Gata). Fina, la madre, cocinó además calamares en aceite, preparó ajoblanco y ensaladas y una gran fuente de leche frita; Andrés preparó mejillones al vapor con su exclusiva receta, y Juan se ocupó de los vinos. Por lo tanto nos dimos un banquete pantagruélico y una larga y divertida sobremesa; de las botellas de vino que cayeron, mejor no hablar aquí.

Yolanda, a la que recogí en el aeropuerto de Almería el viernes porque se acercó a pasar este puente de la Constitución, también estaba a la mesa. Así como la abuela de la casa y Mari, una buena amiga que se encarga de la oficina de Turismo en San José. Esta ha sido la comida de despedida a la que hemos sido invitados y con la que se cierra este periodo de vacaciones de 2012 en el Cabo de Gata. Mañana lunes regresaremos a Madrid, para saber de verdad de qué va este frío invierno y olvidarnos de estos exquisitos manjares que aquí podemos degustar recién pescados. Y también para comenzar a echar de menos a todos estos buenos amigos.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Lo que el agua se lleva

Ya está publicada en La historia que no se ve la página 12 correspondiente a la foto que describí y de la que hablé en la entrada "Lo que el mar devuelve" de este blog. 

Comentaba entonces que no considero que el mar lo devuelva todo, porque con las cosas que el agua se lleva se van también los recuerdos y los sentimientos con los que el hombre envuelve los objetos de uso o mirada más habitual; así, esos objetos se cargan de vida, de historia y de significado. Y es a este aspecto de las cosas al que he dedicado la historia Lo que el mar no devuelve, donde a través de una escena cotidiana en casos de inundación, procuro contar ese momento en el que una mujer mayor observa cuánto de la vida se le va en lo que el agua se lleva. De nada vale que luego el mar lo deje varado en una playa cualquiera, o encallado en lo orilla, como ocurrió con esta silla que aparece en la foto.
Podéis leer y comentar pulsando AQUÍlahistoriaquenoseve.blogspot.com

sábado, 24 de noviembre de 2012

Sigo en el paraíso...

Sigo aquí, en el Parque Natural de Cabo de Gata; viviendo este otoño fantástico, releyendo a Llamazares y a Coetzee; dos voces bien distintas con las que sigo encontrándome a gusto. Y leyendo los originales presentados a un certamen literario del que soy miembro en el jurado; la verdad es que la calidad de los textos deja mucho que desear, y mira que los leo poniendo todo de mi parte; y sobre todo, en un entorno donde es casi imposible enfadarse, tan difícil, que casi todo parece bueno. Aquí trabajo (no creo que los concursantes se puedan quejar):







El jacuzzi nos lo abren para 6 personas: tres ingleses, dos alemanas y yo; y es que en estas fechas esto es un privilegio.


La primera tumbona de la derecha es mi lugar de trabajo; me proporcionan un portátil, ya que yo solo he traído el iMac. La piscina no la he estrenado: el mar está a menos de 500 metros.

Y esto es parte de lo que encuentro en el camino desde casa: